PARA JUGAR

CLIKEA SOBRE CUALQUIERA DE LAS FRASES DE LA FRANJA NEGRA QUE VES JUSTO ABAJO Y...... APRENDE JUGANDO

jueves, 19 de abril de 2012

LAS NUEVAS FORMAS DE LEER


  (Nueva York)
CIBERP@IS. 12 DE ABRIL DE 2012

Muchas personas, entre ellas Nicholson Baker en The New Yorker hace unos años, se han manifestado en contra de los libros electrónicos. Baker menospreciaba el Kindle de Amazon calificándolo como “el Bowflex de los libros: algo caro que nos obliga a hacer más de lo que sea que pensemos que deberíamos estar haciendo”.
Sin embargo, el mejor argumento a favor de los libros electrónicos lo encontré hace poco en una página de The New York Review of Books. El novelista Tim Parks proponía que los libros electrónicos ofreciesen “un compromiso más austero y directo con las palabras”. Su persuasiva conclusión era: “Este es un medio para personas mayores”.
He estado tratando de hacerme más adulto en cuanto a mi compromiso con la lectura en las distintas plataformas, desde los teléfonos inteligentes hasta los lectores electrónicos, pasando por las tabletas y los ordenadores portátiles.
Ha llegado la hora de empezar a pensar en los mejores usos literarios para estos dispositivos. ¿Hay materiales más apropiados para una plataforma que otra? ¿Se siente Philip Larkin más cómodo en un iPad y Lorrie Moore en un Kindle? ¿Puedo hacer que un poema de Kay Ryan sea mi tono de llamada? ¿Habrá algún aparato que consiga que El manantial resulte agradable?

El teléfono inteligente ha sido el último gran regalo de la tecnología a la alfabetización
Antes, los libros se amontonaban en mi mesilla de noche; ahora lo hacen los artilugios, con la iluminación en estado de reposo de sus luces led mirándome como perros hambrientos. Hablemos de estas máquinas y de sus usos literarios, por orden de tamaño, de menor a mayor.

El teléfono inteligente
El teléfono inteligente ha sido claramente el último gran regalo de la tecnología a la alfabetización. El hecho de llevar uno hace desaparecer nuestro mayor temor: quedarnos atrapados en algún sitio sin nada que leer. La mayoría de lo que devoro en mi teléfono es prensa: periódicos de fuera y enlaces recogidos de Twitter y Facebook.
Y otra insólita elección: Diarios, de John Cheever, el libro de no ficción más subestimado del siglo XX. Las anotaciones de Cheever son de tamaño bocado, pero profundas. Son dolorosas, cuando no claramente sombrías; pondrán los acontecimientos desmoralizadores de la propia vida en su justo contexto y puede que incluso nos animen.
A menudo echo un vistazo a mi iPhone en los restaurantes, mientras espero para pedir o comer solo en la barra. Me gusta leer sobre comida antes de comer; aguza el apetito y puede hacer que se nos haga la boca agua. Dos de mis favoritos son memorias: The raw and the cooked [Lo crudo y lo cocinado], de Jim Harrison, mi referencia en escritores de comida, y Blood, bones & butter [Sangre, huesos y mantequilla], de Gabrielle Hamilton. Si ojean las memorias de Hamilton, encontrarán este perspicaz consejo: “Tengan cuidado con aquello en lo que llegan a ser buenos porque estarán haciéndolo el resto de sus vidas”.
Lleve un libro en audio en su iPhone. Periódicamente, saco al más grande de los perros de mi familia a dar largos paseos, y sujeto el iPhone al bolsillo de mi camisa, con su diminuto altavoz mirando hacia arriba. Así he escuchado Herzog, de Saul Bellow. El método del bolsillo de la camisa es mejor que usar auriculares, que impiden escuchar el mundo natural.

El libro electrónico
Los lectores electrónicos como el Kindle de Amazon me asombran por ser los más íntimos, y por tanto los más sexy, de estos dispositivos. En la mayoría, el texto no está retroiluminado, y el exceso de esfuerzo siempre quita las ganas. Uno se siente menos inclinado a engañarlos (es decir, a leer el correo electrónico o navegar por Internet). En la lectura, como en el amor, la fidelidad importa.
Como los libros electrónicos no tienen cubiertas, puede que a los adolescentes les resulte más fácil leer libros que algunos padres antes confiscaban.
Soy un admirador de Jonathan Franzen, el talentoso novelista que ha expresado sin pelos en la lengua el desagrado que le producen los libros electrónicos. Pero yo diría que leer sus novelas en un Kindle, un dispositivo que él detesta, podría considerarse una forma literaria de sexo por odio.

El iPad
El iPad, para mí, es hasta ahora el lugar donde almacenar esa clase de grandes libros de no ficción que probablemente voy a hojear con atención más que leer, como la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson.
También me gusta el hecho de que estos libros de no ficción ofrezcan notas a pie de página electrónicas que le llevan a uno directamente a una fuente.
Esas fuentes son a veces mucho mejores que el libro que tenemos entre las manos. Y a menudo hay cosas mas inusuales en las que hacer clic. La aplicación para iPad de la novela de Jack Kerouac En el camino, por ejemplo, es un compendio de mapas, cronologías y otras cosas, además del texto.
Los libros de arte —muchos de los cuales están disponibles gratuitamente— también son perfectos para el iPad. La claridad es impresionante, como un chute de alguna droga visual.
He probado la poesía en cada una de estas plataformas: Larkin, Dickinson, Philip Levine, Amy Clampitt... No funciona, al menos no para mí. No hay suficiente espacio en blanco, ni silencio.
El iPad no sirve para leer libros electrónicos en el metro. No se puede lanzar hasta el otro extremo de la habitación y tirárselo al gato, como a Mark Twain le gustaba hacer. Y los libros electrónicos, en general, no sirven para decorar una habitación.
En 1991, Anna Quindlen escribía en The Times: “Estaría muy contenta si mis hijos llegasen a ser la clase de personas que piensa que decorar consiste principalmente en construir las estanterías suficientes”.
Estoy completamente de acuerdo con eso. Pero tener la cabeza bien amueblada es lo que realmente importa.

viernes, 6 de abril de 2012

¿QUÉ ES LA PSICOMOTRICIDAD?

                      ¿Qué te sugiere esta imágen?
                                             
¿ES IMPORTANTE LA PSICOMOTRICIDAD EN EDUCACIÓN INFANTIL? ¿DECISIVA? ¿NECESARIA?

Una buena educación psicomotriz supone mucho más que aprender a trepar, a lanzar un balón, a saltar o a ganar carreras. 
Si deseas saber algo más sobre el tema clikea aquí: http://psicomotricidadinfantil0-3.blogspot.com.es/2011/05/caracterisitcas-de-un-aula-de.html


¿QUIÉN ES BERNARD ACOUTURIER?

Un excelente psicomotricista -el mejor desde nuestro punto de vista- nacido en 1934 en un pueblo situado cerca de TOURS, capital de la Touraine, jardín de Francia. Sus padres eran profesores y fue el pequeño de una familia de cuatro hermanos.
Sus estudios de educación física le decepcionaron porque eran demasiado mecanicistas y demasiado físicos. Solo le apasionó la pedagogía del movimiento y descubrió entonces que enseñar le llenaba. En 1959, era profesor de Educación Física y Deportiva.
Ha sido galardonado por la Academie Nacionale de Medicine.


Notas autobiográficas obtenidas en: http://enlaprimerainfancia.blogspot.com.es/2009/01/bernard-aucouturier-un-poco-de-mi-vida.html

Más información:
http://hpbop.pbworks.com/f/Acerca+de+la+pr%C3 A1ctica+psicomotriz+de+Bernard+Aucouturier.pdf

Cursos:
http://www.aecassociacio.org/cast/psicomotricidad.php

domingo, 18 de marzo de 2012

COCINA CON ARTE

                                                                       

¿COCINAR DIFÍCIL?..... ¿ABURRIDO?.... QUÉ VA...... PINCHA AQUÍ  http://webosfritos.es/

viernes, 9 de marzo de 2012

UNA RÁPIDA REACCIÓN QUE SALVA 30 DELFINES VARADOS



                                         
SUCEDIÓ EL PASADO 5 DE MARZO EN BRASIL ¿QUIERES VERLO? PINCHA AQUÍ: http://www.youtube.com/watch?v=a9v14m0Gxh8

viernes, 2 de marzo de 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

Una joya normativa (que las hay).

                                                Tema del excelente ilustrador y autor Janoch.

Paz Isla. GRANADA
Aunque suene extraño, hay leyes, o textos normativos, que pueden ser una joya. Ese es el hecho que hoy se trata.
Y sucedió que, desde el otro lado de la piel de toro, justo al borde de un Atlántico ensortijado de surfistas y a punto de finalizar el mes de agosto de 2008 alguien nos hizo saber vía e-mail que la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía (España) acababa de hacer pública la Orden de 5 de agosto que desarrolla el Currículo correspondiente a la Educación Infantil.  
                                                    Un libro muy recomendable del mismo autor
                   
Eran días alegres los de aquel verano, placenteras mañanas de playa, relax absoluto y risas. Tardes de amigos, de puestas de sol, cenas al fresquito, paseos interminables y chapuzones, pero esta noticia cabía en medio de tanto asueto por lo esperada, y no vino sino a alegrar un poco más -si cabe- ese tiempo de descanso en el pueblito de veraneo que nos recibe cada año.
Y es que, aunque suene extraño, puede suceder que la lectura de un texto profesional de estas características sea capaz de dibujar una sonrisa de absoluta satisfacción al fin de una larga espera. Recibir esa noticia supuso recibir también la confirmación de que la ciencia y la práctica docente se hermanaban un poco más.


No es lo más corriente leerse ordenes o leyes en verano, somos conscientes, y mucho menos disfrutar con su lectura, pero ocurre que, cuando se han leído ya algunas, estos textos, los textos prescriptivos, acaban resultando familiares, su redacción es como una cosa de casa, y ocurre sobre todo que, si se encuentra una joya normativa como la que hoy traemos aquí -que las hay-, se aprecia su valor, se siente un inmediato reconocimiento, una sensación similar a la que inspira una obra bien hecha, un puente bien construído, un mueble singular, un cuadro magnífico o cosas así, reconocimiento que alcanza tanto a quienes redactaron esta Órden de 5 de agosto como al equipo investigador que la avala.

Janosch
                                                                   
Las leyes se leen lo justo, y lo hacen –o lo hacemos- aquellas personas que no tienen o no tenemos  más remedio. Porque, no es menos cierto, que la redacción que solemos encontrar en este tipo de escritos suele ser poco atractiva, de lenguaje arduo y reiterativo a fuerza de perseguir ser inequívoco y evitar interpretaciones erróneas.

Pero no son iguales todas las leyes, como no toda la información profesional que se elabora con técnica impecable tiene espíritu, y esta orden lo tiene, tiene alma.

Hay trabajos de investigación, periodísticos, normativos, informes de funcionamiento, etcétera, que parten de un planteamiento valiente, científico y humano al mismo tiempo, y que  están perfectamente contextualizados con la época en la que se publican, que aportan nuevas ideas al desarrollo social, y en los que se adivina una labor previa de análisis bibliográfico exhaustivo junto a un posicionamiento teórico y ético muy claro y solvente. Y ocurre que, a veces, este tipo de trabajos técnicos alcanza el rango de norma de obligado cumplimiento y es entonces cuando la teoría se convierte en conocimiento aplicado, vivo, y a la práctica docente se le da un empujón nada desdeñable.
                                 
                                                                Janoch
                                                                              
Se tenga o no se tenga hijos en Educación Infantil, se sea o no profesor o profesora de esta etapa, se esté o no preparando oposiciones de Magisterio, lo cierto es que esta orden, la Orden de 5 de agosto que desarrolla el Currículo correspondiente a la Educación Infantil,  afecta a un importante número de personas, de niños y niñas, de familias, a un considerable porcentaje del profesorado, y supone, sobre todo, una apuesta importante por vincular la enseñanza en las primeras edades con la Sociedad de la Información y la Comunicación y con la cultura en la que los andaluces vivimos ya inmersos.
                                                                                Janosch

Ya avisaba el señor Marchesi allá por los años noventa –y como él muchos otros estudiosos de la educación-, de la peligrosidad que entraña el hecho de elaborar leyes o normas educativas inmovilistas, involucionistas o incoherentes con la sociedad a la que se destinan. En cambio, lo rentable, ecológico y sin duda inteligente, es salir al encuentro del ciudadano así, como esta norma lo hace, avanzando con base científica, sin prisa pero sin pausa, y analizando los intereses y necesidades reales de una población multicultural, diversa, que se transforma día a día, para conocerla, para oírla, y así adecuar las actuaciones institucionales tanto a esas voces como a los recursos con los que hoy cuenta la Escuela.

Mañana quizás el entorno sea diferente, la realidad varíe, o cambie la sociedad y se deba actuar de otra manera pero hoy, afortunadamente, podemos felicitarnos de contar con normas de tan alto nivel y tan bien hechas.
 
Janosch
                                                             

sábado, 28 de enero de 2012

LA POESÍA COMO SEMILLA


Conferencia en el I Congreso Nacional sobre Federico García Lorca y Miguel Hernández. 
Paz Isla. Fuentevaqueros (Granada). 2010.



     Miguel Hernández en el Colegio

¿Puede un niño de tres años sentir la poesía? ¿Y escribirla? ¿Crearla? ¿Es necesario siquiera que la conozca?.
Hay pocas cosas más abstractas que un buen poema y, aunque siempre se ha creído que la capacidad de abstracción era exclusiva del adulto, intuiyivamente sabemos -porque es algo fácil, muy fácil de apreciar- que los niños son competentes desde su más tierna infancia para construir o elaborar pensamientos poéticos, situaciones poéticas porque, en los niños, la poesía esa algo natural, que se vive más que se escucha.
La poesía se escucha, se escribe, se lee, se dice, y a pesar de sus previsibles lagunas de vocabulario, la poesía y su musicalidad no son para los niños algo remoto sino un tipo de texto que les agrada, cercano, interesante, (según y cómo, claro), seductor,...


  ¿Nieve?, no!!, el almendro que veo por la ventana mientras trabajo

Esta forma de expresión –cuando es poesía- se acerca más que muchos otros tipos de texto al enorme elenco de sensaciones con las que se encuentran inesperadamente cada día una niña, un niño. Y precisamente la palabra elenco, como muchas otras palabras del lenguaje culto, no suele formar parte de su vocabulario habitual, de su lenguaje funcional, no suele estar en el habla de los más pequeños.

Repertorio, catálogo, elenco ¡qué más da!, si en un texto poético un niño se tropieza con una palabra cuyo significado desconoce, lo buscará, antes o después lo buscará, al menos estará sobre aviso de su existencia. Y si no lo hiciera, de todas formas la palabra en cuestión, sea la que fuere, vendrá vestida para él, o por él, quizás de manera imprevisible, adornada por un sentido peculiar, pero vendrá con formas, y con contenido, compuesta con retazos de toda esa experiencia infantil que otorga significados mágicos a cualquier cosa, incluso a la piedra más corriente y más pequeña, incluso a las palabras.
No reduzcamos esa sonora palabra elenco -pronunciala en voz alta y verás-, por ejemplo, a una mediocre lista (su sinónimo), y dejemos que el elenco sea el elenco, que transite incluso en un aula de niños de cuatro años, de tres, de dos, de uno…
Desde la cuna hablemos y leamos para ellos sin esconder las preciosas palabras que aún no han descubierto. Su musicalidad, o la musicalidad que pone quien las dice, el contexto, la luz de ese día entrando por la ventana, el sabor aún fresco en la boca de la manzana del almuerzo, o una hormiga que anda por el piso… irán aportando sensaciones y compondrán -con el que escucha-, esta palabra. Igual que se compone a una novia, o se viste un salón para una fiesta, elenco o amor, o lagarto o chinelas serán palabras que ellos vestirán de colores en su imaginación dándoles significados personales. Una nueva palabra es siempre materia nueva para pensar, una pista más acerca del enorme mundo de sensaciones que encierran la escritura y la lectura, y estas u otras palabras empezarán a tomar forma poco a poco como va modelándose en las manos del platero el más elegante cortaplumas, o un sonajero, verso a verso, poema a poema.


                                          Miguel Hernández y su familia

Nadie sabe cómo la poesía puede transformar la vida de una persona, de hecho, un ejemplo de esta suerte de transformación fue la vida de Miguel Hernández.

Tras mucho bregar y después de mucho insistir en su casa acerca de su destino, cuando las cabras y los libros le dejaban, Miguel se reunía en la tahona del padre de Carlos Fenoll con los amigos ¡quien hubiera probado el pan o las tortas de naranja de aquella lumbre alicantina! ¡Quién hubiera prestado oídos a sus chascarrillos, a sus proyectos, a sus inquietudes!, porque entre pastorear y leer, y luchar, y después viajar, y huir, y sufrir encarcelado, Miguel Hernández pasó su vida. O mejor, de esta manera pasó esa parte de su vida –porque un poeta nunca muere del todo- en la que sembró de espuma tantos versos, y de pasión, y de espanto, de claroscuro, de ternura, de silencio…, versos que nos andan por la cabeza como revoltea la mariposilla de la luz, versos que van y vienen, trasegando ideas y despuntando sensaciones que aprendimos a compartir con él, y que, en la memoria a la que envuelven, son versos que se regeneran.
De una vida como esta, de lo que en su corta e intensa vida escribiera D. Miguel Hernández ¿Cómo no ha de percibir un niño la parte tierna que dejó el poeta para esta tierra?


Sin que sea fácil de creer, es posible ver cómo intenta escribir poesía un niño de tres, de cuatro, incluso de dos años, que ha escuchado poesía, que ha aprendido a recitar sencillas rimas, o frágiles versos aunque cambie unas y otros de lugar y de entonación a su antojo.
Probablemente no utilice aún las letras tal y como el adulto las concibe, y probablemente escriba con renglones torcidos, como dios, pero es posible verlo escribir ya a esas edades si se mira con las gafas de ver, y es posible y muchas veces sucede, que lo que escribe sea eso: poesía, garabatos suspendidos en forma de cascada, horizontales viboritas paralelas, ensortijadas, fluctuantes, que al pedirle que lea: ¿qué has escrito, dime?... se convierten de repente en un  texto poético, en un extraño haiku, o en una redondilla natural que brota de lo que pudiera ser la nada, pero una nada con una cadencia personal, un esbozo infinito, una obra completa, otras veces… una tímida rima sonora, sin letras aparentes ¡eso sí!, escritura en rama, directa de la semilla, pero poesía al fin y al cabo…., porque la escritura es de quien la pensó, de quien la siente, de quien la vio y de quien pudo aprender –porque alguien le enseñó- que existe ese algo poético que habla en un lenguaje libre y que, en muchas ocasiones, tiene una estructura vertical, como de cascada, algo que se escribe a fuerza de versos, que se siente al leer….
Más tarde llegarán las letras, porque para hacer poesía, incluso para escribirla, las letras no siempre han de ser lo primero.
El conocimiento acerca de cómo se combinan las letras irá llegando, e irá llegando el elegante abecedario, no cabe duda. En cambio, que llegue a aterrizar en cada casa o en la vida de cada niño la poesía, eso es otra cosa.

Para que el pensamiento poético -con o sin rima, pero poético- forme parte del mundo de alguien, antes ha sido necesario que hasta ese alguien llegue, como mínimo, un enamorado lector, y si llegara hasta él un poeta: mejor que mejor.
Es absolutamente necesario permitir a los niños que toquen la poesía, que la escuchen, que la dramaticen, que la vivan, que jueguen con ella, que la chupen y la pinten, que la elijan y la dejen, que la traigan, que la lleven, que la digan, que la escriban, sobre todo que la escriban y la piensen…


                                                   Fundación Rodríguez Acosta. Programa de pintura
                                                   y poesía para niños/as de Primaria

La poesía se puede aprender, y aunque es necesaria una vida como poco para saber algo acerca de ella, en estas edades -a cualquier edad pero muy especialmente en las primeras edades-, es importante tener la oportunidad de palpar esa burbuja invisible que rodea a un adulto leyendo ensimismado, sentir la fuerza que transmite un maestro o un padre, o una abuela que recita, o que canta con el cuerpo y el alma vertidos en las palabras, porque nada es tan sugerente para los niños como desentrañar los secretos de aquello que ven amar y disfrutar a quienes les guian.

No obstante, es posible que en las escuelas de hoy se recite o se cante o se lea menos poesía de lo que se debiera y, a pesar de que Miguel Hernández no escribió precisamente para niños, ¿como puede dejar de entusiasmarles, de seducirles, de intrigarles o como puede no inquietar en un aula de primaria lo que Hernández nos hace llegar en estos versos?:


CADA VEZ QUE PASO

Cada vez que paso
bajo tu ventana,
me azota el aroma
que aún flota en tu casa.
Cada vez que paso
junto al cementerio
me arrastra la fuerza
que aún sopla en tus huesos.


EL SILBO DE AFIRMACIÓN EN LA ALDEA

Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas...
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas.
Difíciles barrancos de escaleras,
calladas cataratas de ascensores,
¡qué impresión de vacío!,
ocupaban el puesto de mis flores,
los aires de mis aires y mi río.
……………………………..

Federico García Lorca, en cambio, mantuvo su infancia tan vívida que a lo largo de su obra asoma con mucha frecuencia cierta predisposición al juego, al disfrute sensual de lo más noble y a la caricia, al gesto dulce. Los animales, las cosas más cotidianas, lo festivo y una forma de arte dramático muy acorde con la infancia, dan a algunas de sus composiciones poéticas la dimensión necesaria para ser considerado el niño como su principal público potencial, o quizás lo que asome sea la presencia de ese niño constante que él mismo y muchos de nosotros llevamos dentro.

Su poema Mariposa, o Balada amarilla, o la Balada del caracol negro, Cancioncilla Sevillana, La guitarra, Paisaje, Romance sonámbulo,  o el maravilloso y dramático poema El lagarto está llorando, son solo algunos ejemplos y, aunque la poesía no tiene edad, si es cierto que en este caso los poemas de Federico parecen pensados para que los más pequeños se acerquen para siempre a la poesía, para siempre jamás.



NOCTURNOS DE LA VENTANA
A la memoria del poeta  José Ciria y Escalante
            1
Alta va la luna.
Bajo corre el viento.
(Mis largas miradas,
exploran el cielo.)
Luna sobre el agua.
Luna bajo el viento.
 (Mis cortas miradas,
exploran el suelo.)
 Las voces de dos niñas
venían. Sin esfuerzo,
de la luna del agua,
me fui a la del cielo.
            2
Un brazo de la noche
entra por mi ventana.
 Un gran brazo moreno
con pulseras de agua.
 Sobre un cristal azul
jugaba al río mi alma.
Los instantes heridos
por el reloj... pasaban.
Es probable que un niño que escucha, no un niño cualquiera sino uno que escucha, reciba de esos versos tanto o más que pudiera recibir un adulto, envueltos ambos en ese olor a limón que inunda la estancia y en ese viento suave que se convierte en flor de gasa ¡nada menos que en flor de gasa!

Porque la poesía no tiene edad, y esa capacidad de abstracción, o de hipótesis a la que aludíamos en un principio, impulsadas por el siempre mágico efecto del lenguaje poético, hablado o escrito, permite conectar directamente al niño con la esencia del lenguaje sin que sea imprescindible en este punto el concurso de la razón.

No es para los niños, por tanto, algo remoto la poesía, porque la poesía se inyecta directamente en las sensaciones y los niños, sobre todo los niños, son los máximos expertos en descubrir las mil y una maneras de disfrutar de ellas cada día.

Y no seamos reduccionistas con los textos poéticos para las niñas y niños pequeños. Delicados sí, selectivos, inteligentes, pero seamos audaces, ávidos buscadores de poesía y grandes lectores para nosotros mismos y para ellos.
Siempre de gran calidad literaria e intentando que los soportes (digitales o impresos) sean interesantes y bellos, cuidados, tratados con mimo, la poesía, como la música y el arte en general, son necesarios en la escuela de hoy y en nuestras casas para allanar el camino del ser humano.




Rindamos pues un permanente homenaje al arte, y en esta ocasión, a estos dos grandes exponentes de la generación del 27 y del 36 que supieron ver al niño como lector hipotético de sus más entrañables sentimientos: don Miguel Hernández con su triste destino y muy especialmente al poeta del  mundo y de Fuente Vaqueros: Federico García Lorca.

 Paz Isla. Mayo de 2010